Me sentía desconcertada, después de lo sucedido, no sabía a ciencia cierta que es lo que había ocurrido aquel día, a pesar de mis intentos por olvidarlo, su imagen recurrentemente volvía a mi cabeza una y otra vez; ¿porque me ocasionaba tanta curiosidad?, su mirada la llevaba clavada en mi mente, era extraño, el tiempo se detenía, era inevitable recordar semejante encuentro…
Han pasado los días y hasta la fecha nadie ha mencionado lo ocurrido, me encuentro haciendo mi labor como todas las mañanas, evitando que ocurra algún percance por algún descuido de alguno de los guardianes, aunque es casi imposible que esto suceda, me mantengo alerta y sigilosamente vigilo sus movimientos, algunas veces me resulta cansado, otras me vuelvo loca, son demasiados y debo vigilarles a todos, aunque existen varios como yo, nos distribuyen por zonas por lo que debo estar siempre atenta a cualquier imprevisto.
En un instante estoy detrás de uno de ellos, veo como se desvive por el humano que le ha tocado, lo cuida como si fuese parte de el mismo, me extraña ver que la mayoría de los humanos no puedan ver a sus ángeles guardianes tal como me ocurría a mí, algunas veces suelo ver a algunos de pequeños sonriéndoles, divirtiéndose con ellos y olvidándoles al crecer, algunos con más suerte, viven como solía hacerlo yo hasta la edad adulta; de mi zona solo recuerdo a Daniel, un joven de 25 años quien vive cerca del centro de la ciudad, lo he visto hablar con su ángel y pelear con el infinidad de veces, en ocasiones he estado a punto de llamarle la atención pero de nada me serviría el no puede verme y supongo tampoco me haría caso, es tan necio que con trabajos escucha a Lucky su guardián como lo llama él.
Han pasado los días y hasta la fecha nadie ha mencionado lo ocurrido, me encuentro haciendo mi labor como todas las mañanas, evitando que ocurra algún percance por algún descuido de alguno de los guardianes, aunque es casi imposible que esto suceda, me mantengo alerta y sigilosamente vigilo sus movimientos, algunas veces me resulta cansado, otras me vuelvo loca, son demasiados y debo vigilarles a todos, aunque existen varios como yo, nos distribuyen por zonas por lo que debo estar siempre atenta a cualquier imprevisto.
En un instante estoy detrás de uno de ellos, veo como se desvive por el humano que le ha tocado, lo cuida como si fuese parte de el mismo, me extraña ver que la mayoría de los humanos no puedan ver a sus ángeles guardianes tal como me ocurría a mí, algunas veces suelo ver a algunos de pequeños sonriéndoles, divirtiéndose con ellos y olvidándoles al crecer, algunos con más suerte, viven como solía hacerlo yo hasta la edad adulta; de mi zona solo recuerdo a Daniel, un joven de 25 años quien vive cerca del centro de la ciudad, lo he visto hablar con su ángel y pelear con el infinidad de veces, en ocasiones he estado a punto de llamarle la atención pero de nada me serviría el no puede verme y supongo tampoco me haría caso, es tan necio que con trabajos escucha a Lucky su guardián como lo llama él.
1 comentario:
QUE BUENO LEERTE UNA VEZ MAS
RODRIGO
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